Esta es una nota de trabajo. No pretende ser un relato definitivo sobre París y seguirá marcada como borrador hasta que se base en una visita documentada.
La información sobre accesibilidad suele describir una ciudad edificio por edificio. El museo tiene una entrada sin escalones. La estación dispone de ascensor. La atracción ofrece una cola prioritaria.
Nadie vive una ciudad como si fuera una lista.
El día transcurre entre esos puntos oficiales: en la acera, en la cafetería elegida sin investigar y ante el ascensor que funcionaba cuando se actualizó la web. Una pequeña interrupción del recorrido puede cambiar el resto del día.
Lo que quiero averiguar
¿Cuánta libertad y espontaneidad puede tener una persona en silla de ruedas en París cuando dejamos de contar destinos accesibles y empezamos a seguir el recorrido que los une?
Hay que valorar el día completo, incluida la parada imprevista para tomar un café o el cambio de recorrido que hace que una ciudad se sienta espontánea.